La mayoría de los mamíferos macho tienen el pene cubierto de espinas de queratina, similares a las uñas, que utilizan para desechar el esperma de otros competidores e irritar a la hembra para propiciar la ovulación. Un estudio realizado por científicos de las universidades de Standford y Pensilvania, en Estados Unidos, revela que esta característica desapareció en el hombre con un fragmento de ADN que se eliminó durante nuestra evolución. Los investigadores también han identificado una región del genoma que ha permitió que nuestro cerebro se expandiera, según publica hoy la revista Nature.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores, dirigidos por Gill Bejerano, partieron de la hipótesis de que, en lugar de que el ADN humano tenga ventajas sobre el del chimpancé, "en algún momento de la evolución perdimos algunas cadenas de información genética". Así encontraron 510 secciones de código perdido. A continuación eligieron las regiones eliminadas de ADN relacionadas con hormonas masculinas, así como con el desarrollo del cerebro. Después introdujeron estas regiones de código dentro de ratones para averiguar cómo se expresaban y descubrieron que eran responsables de la pérdida de los bigotes sensoriales y de las espinas del pene, así como del crecimiento del cerebro.
Las espinas del pene son comunes en otros animales, incluyendo a chimpancés, macacos y ratones, pero una morfología más simplificada tiende a asociarse con la conducta monógama de ciertos primates.
Muchos estudios han intentado resolver la cuestión de qué hace al ser humano distinto al resto de organismos buscando características extra frente a las de los familiares evolutivos más cercanos. Esta es la primera vez que se descubren características específicas humanas examinando lo perdido a lo largo de la evolución.
jueves, 30 de junio de 2011
Así perdieron los humanos las espinas del pene
¿Existen los restaurantes para nudistas?
Sí, siempre que acudas a una zona exclusiva naturista, como la de Cap d'Agde, en Francia, o la de Vera Natura, en Almería. En estos resorts, todas las instalaciones, restaurantes, bares, cines, casinos, bancos e incluso los supermercados reciben a los clientes tal cual vinieron al mundo. Según la Federación Española de Naturismo (FEN), solo en ocasiones concretas se da la posibilidad de que un restaurante organice cenas en pelotas fuera de un enclave nudista. Este es el caso de las Clothing Optional Dinners, eventos organizados por un grupo de naturistas de Nueva York durante los cuales ciertos restaurantes, museos y teatros de Manhattan acogen a clientes en cueros.
Para atender estos ágapes, en los que nunca se sirven sopas calientes, el personal del restaurante sí permanece vestido por cuestiones higiénicas. Además, los comensales del sexo masculino deben llevar para sentarse una pequeña toalla, y las mujeres, un pañuelo de seda.
Para atender estos ágapes, en los que nunca se sirven sopas calientes, el personal del restaurante sí permanece vestido por cuestiones higiénicas. Además, los comensales del sexo masculino deben llevar para sentarse una pequeña toalla, y las mujeres, un pañuelo de seda.
El amor disminuye la sensación de dolor
Maldecir mitiga el dolor, pero también hay opciones más románticas para aliviar esta sensación: el amor. Puede sonar cursi, pero pensar o ver una foto de la persona amada hace que el dolor sea menos importante – comprobado por la ciencia.
Si bien podría ser que pensar en la persona que queremos nos de alguna sensación de placer, aparentemente lo que provoca que el dolor disminuya es que el amor nos da seguridad, un escudo contra el daño.
“De nuestros trabajos anteriores, sabíamos que mirar la foto de una persona amada lleva a reducciones del dolor. Lo interesante es, ¿por qué sucede esto?”, señaló la psicóloga Naomi Eisenberger de la Universidad de California a Wired.
La investigadora usó un escáner cerebral para observar a 17 mujeres mientras recibían shocks punzantes, mientras observaban fotos de parejas románticas de largo plazo, de extraños y de objetos. Se les pidió a las mujeres que indicaran cuál fue la intensidad del dolor después de cada prueba.
El dolor fue menos intenso cuando las mujeres observaron a sus parejas. Eisenberg descubrió con la observación de los cerebros que observar las fotos mientras sentían dolor activaba una zona del cerebro relacionada con los sentimientos de seguridad y confianza.
La observación apoya la hipótesis de que la presencia de un ser amado produce este tipo de sentimientos. El fenómeno sería el contrario a lo que ocurre cuando te muestran imágenes de arañas o serpientes, que hacen que el dolor se sienta peor – algo que también se ha estudiado.
“En la literatura, la gente habla sobre el ‘estímulo preparado para el miedo’ – las serpientes y arañas son cosas para las que estamos preparados de manera innata para sentir miedo. Estas cosas han estado amenazando nuestra sobrevivencia a través de nuestra historia evolutiva. (…) Los amados, figuras a las que somos cercanos, podrían actuar como señales de seguridad, como individuos que a través de nuestra historia evolutiva hemos favorecido nuestra sobrevivencia”, explicó Eisenberg.
Aunque el estudio sólo se centró en mujeres, la psicóloga señaló que no hay razón para pensar que el efecto en hombres debiera ser diferente. “La gente podría especular que las mujeres serían más sensibles, pero estos procesos son igual de críticos para los hombres”.
Si bien podría ser que pensar en la persona que queremos nos de alguna sensación de placer, aparentemente lo que provoca que el dolor disminuya es que el amor nos da seguridad, un escudo contra el daño.
“De nuestros trabajos anteriores, sabíamos que mirar la foto de una persona amada lleva a reducciones del dolor. Lo interesante es, ¿por qué sucede esto?”, señaló la psicóloga Naomi Eisenberger de la Universidad de California a Wired.
La investigadora usó un escáner cerebral para observar a 17 mujeres mientras recibían shocks punzantes, mientras observaban fotos de parejas románticas de largo plazo, de extraños y de objetos. Se les pidió a las mujeres que indicaran cuál fue la intensidad del dolor después de cada prueba.
El dolor fue menos intenso cuando las mujeres observaron a sus parejas. Eisenberg descubrió con la observación de los cerebros que observar las fotos mientras sentían dolor activaba una zona del cerebro relacionada con los sentimientos de seguridad y confianza.
La observación apoya la hipótesis de que la presencia de un ser amado produce este tipo de sentimientos. El fenómeno sería el contrario a lo que ocurre cuando te muestran imágenes de arañas o serpientes, que hacen que el dolor se sienta peor – algo que también se ha estudiado.
“En la literatura, la gente habla sobre el ‘estímulo preparado para el miedo’ – las serpientes y arañas son cosas para las que estamos preparados de manera innata para sentir miedo. Estas cosas han estado amenazando nuestra sobrevivencia a través de nuestra historia evolutiva. (…) Los amados, figuras a las que somos cercanos, podrían actuar como señales de seguridad, como individuos que a través de nuestra historia evolutiva hemos favorecido nuestra sobrevivencia”, explicó Eisenberg.
Aunque el estudio sólo se centró en mujeres, la psicóloga señaló que no hay razón para pensar que el efecto en hombres debiera ser diferente. “La gente podría especular que las mujeres serían más sensibles, pero estos procesos son igual de críticos para los hombres”.
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